A propósito de mi poemartio "Sendero de amor y olvido" el escritor Jorge Cortés Pellicer ("La savia de la literesa", "El brumario de Emilio") me remite estas líneas que publico y agradezco: Tras la lectura de Sendero de amor y olvido, de Miguel Ángel Yusta. Dichoso aquel que un día desanduvo la vida
hasta alcanzar la paz de lo no aconsejable.
(J. M. Caballero Bonald) 0.- Este poemario es como esas bellas palabras que nos devuelven a nosotros mismos. Palabras, en verso, a mirar y leer con la detención de lo que se incrusta en la memoria. El amor y la soledad; sus retazos y rotundidades. Poeta para quien el mundo de sus afectos está por encima de malabarismos. Y su sendero, el granero autobiográfico, para un mundo poético reconocible. Hombre solo con la edad, reunido con la palabra aunque en el silencio / está toda una vida apaciguada.
1.- De amores. Versos mimetizados con el amor, resaltando su acontecimiento y otra vez nació la primavera. Una geografía emocional que los poemas cuentan, también amotinan: Sólo el amor hace el rito posible / de recrear y revivir el mundo. En secuencias cíclicas, explorar el amor y la pasión, es el improrrogable canto: conexión e itinerario inevitable: El instante quedaba suspendido / y en el aire flotaban los aromas / de mil noches iguales y distintas. Dialéctica interna, con el corazón en movimiento: y de nuevo, seguir en el camino / sin mirar el pasado. Es el intento formal de cómo narrar aquello, una idea que vuela en mi cerebro, para lo que no se tienen palabras: Que lo analicen otros / Yo, lo siento. Y, no obstante, se escribe porque al menos así puede explicarse la vida: Solamente eras tú y el infinito / y entre los dos, amor.
2.- De penumbras. La memoria, sendero, arroja destellos inesperados. Memoria aflictiva: Hoy que sufro de amarte intensamente / y mirarte a los ojos, a los labios / te siento más vibrante, amada mía, pero el tiempo, a veces, se apiada y únicamente, de nuevo, la palabra concilia: Quien sabe si mañana / dejarás ya de ser una quimera / para fundirte desnuda conmigo. El paisaje que ante nuestra mirada dibujan los poemas es espejado, por sugerente y complejo. Releer su historia, o quizás prefiere borrar sus huellas: mejor que hayas dejado la distancia / como único recuerdo / de tus playas vacías, desoladas. Memoria íntima y memoria colectiva: poesía de la experiencia y de vínculos con lo cotidiano. Desde su soledad me inmolo con mi melancolía / en lágrimas de sangre que me ahogan, quiere acompañar otras soledades: y encontrarás mi sombra / que vaga en el silencio / esperando contigo fusionarse / para aliviar tu pena desolada. Comprende sin exprimir y una rendija destila sus diálogos privados: Quizás lleva el recuerdo de mis lágrimas / mi anhelo no vivido / de tantas primaveras.
3.- Sello personal, imaginativa y emotiva palabra. La belleza, otras veces, se (la) basta con las palabras justas. Una visita que proporciona alegría y su juego poético descubre aquello que se (nos) escapa. Sorteando lugares comunes, sin referencias baldías, nos remite directamente a lo humano: poesía de la vida. Y desde la necesidad de la escritura, la búsqueda de la voz, del sentido y del compás del verso. Piensa en verso, y por ello son versos sin excusa: sus letras como mediación y medición. En el caso de este poeta, porque sus versos son la llave para explicar su viaje, y muchos otros viajes.
Junio, 2009
Jorge CORTÉS